Liderazgo en clave femenina: qué las diferencia a la hora de encabezar un equipo

Por *Patricia Debeljuh01 de Febrero 2016

Siempre que se habla de liderazgo se lo relaciona con ciertas características asociadas a comportamientos propios de los varones como orientación a los resultados, competitividad, ejercicio del poder, habilidad para controlar emociones, entre otros. Ahora bien, ¿se tratan de verdaderas características masculinas o no será que ellas son las competencias acordes con las posiciones de dirección y debido a que tradicionalmente dichos puestos han sido ocupados por varones se califican esos comportamientos como masculinos?

Es verdad que abunda la literatura focalizada al liderazgo que asocia dichos comportamientos a los varones, dando casi por sentado que si una mujer pretende dirigir debe asumirlos. Sin embargo, para que una mujer lidere una organización de manera eficiente no es necesario que actúe como un hombre. Lo mejor que ella puede hacer es aportar al mundo laboral lo que le es propio e insustituible.

La realidad de tantas mujeres empresarias y ejecutivas indica que ellas triunfan en las empresas gracias a –y no a pesar de– sus características femeninas. Si bien la historia muestra que han sido los hombres quienes diseñaron las reglas en el mundo profesional, hoy podemos ver cómo la mujer aporta un estilo de liderazgo que enriquece el funcionamiento de las organizaciones. Ahora bien, no hay olvidar que el aporte de la mujer ha de ser complementario al del varón porque ambos estilos son enriquecedores para la empresa. Cada uno tiene sus puntos distintivos para sumar; igualarlos o pretender homologarlos implicaría caer en un reduccionismo estéril o en una competencia inútil.

No es un tema de quién es más o quien es menos sino cómo ayudar a que se complementen con las competencias de unos y de otros sabiendo qué puede aportar cada uno. Ambos son diferentes y complementarios y en la interrelación entre estos dos estilos se da una modalidad de liderazgo que responde a las tendencias más innovadoras de las nuevas culturas organizacionales. Debemos reconocer que el estilo femenino es diferente al masculino en relación con la forma de comunicar, de resolver conflictos, a la hora de tomar decisiones y de establecer estrategias para el logro de los objetivos, etc.

En líneas generales, puede afirmarse que la mujer tiene una visión global de las cosas y al mismo tiempo no deja pasar ningún detalle. Esta mirada no tan focalizada como la del varón, le permite estar abierta ante lo desconocido, sin prejuicios racionales que la condicionen. Aquí se fundamenta su capacidad de innovación, alimentada por el deseo de escuchar y de preguntar. Valoran la creatividad y la opinión contraria. Dicen abiertamente y sin complejos cuando algo no lo saben. No tienen miedo a equivocarse y por eso suelen ser audaces y flexibles.

La intuición está en su naturaleza pero no son improvisadas. La intuición es la facultad que permite hacer juicios claros y precisos sin necesidad de mucho análisis. Se habla del “genio” de la mujer y con frecuencia se lo asocia a una delicada sensibilidad frente a las necesidades y requerimientos de los demás. Generalmente la mujer es más cercana y esto se nota por esa capacidad de mostrar interés por las personas o por los problemas de un modo concreto. Ese gestionar con cercanía no implica que sea menos rigurosa o que esté menos orientada a resultados. Esa proximidad hace referencia al desarrollo natural de la empatía que le permite hacerse cargo de las necesidades de los demás y generar relaciones interpersonales más confiables y creíbles.

Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro, dota a la mujer de una sensibilidad característica que la predispone al servicio de los demás y constituye un verdadero aporte para humanizar las relaciones dentro de las organizaciones. A la hora de liderar un equipo, lo hace contagiando entusiasmo. En un puesto directivo la mujer suele confiar más en la cooperación que en la competencia. Para eso, necesita descubrir a cada persona, conocer sus talentos, confiar en ellos y en el aporte que cada uno puede dar al grupo. Se dice que su estilo de liderazgo rompe el anonimato y toma en cuenta las preocupaciones y expectativas de los demás, mostrándose solidaria y buscando alternativas sin olvidar que las personas son más importantes que las cosas o que los resultados.

Por último, no hay que olvidar que los varones trabajando con las mujeres pueden descubrir y desarrollar también estas características propias y positivas del estilo femenino. Todos estos aspectos pueden estar también presentes en el liderazgo de los varones. De hecho, cada vez más hombres cuentan con ellas y es así como, lejos de cualquier competencia, tanto ellos como ellas salen ganando.

 

*La autora es directora del Centro Walmart Conciliación Familia y Empresa de la IAE Business School.

Patricia Debeljuh